En todo el mundo la mujer desempeña papeles fundamentales en el sector pesquero, sobre todo en las faenas antes y después de la cosecha. A veces participan igualmente en la captura, principalmente cuando se practica en aguas de bajura y se destina al consumo propio. En las comunidades pesqueras la familia suele funcionar como una unidad económica donde cada miembro ejecuta tareas complementarias, dedicándose la mujer a las actividades con base en tierra firme, como la reparación de redes y la transformación y venta del producto, y el hombre a la captura. La mujer se encarga igualmente de sostener a la familia y mantener los contactos con la comunidad y con las estructuras de apoyo.

Con los últimos avances en el ámbito pesquero y tecnológico tanto la división sexual del trabajo como la naturaleza de las labores femeninas han sufrido importantes cambios en numerosas regiones del mundo. Si algunas mujeres han conseguido adaptarse y sacar partido a la mudanza, otras, en cambio, han salido perdiendo: se ven obligadas a abandonar la actividad, o continúan con un margen de beneficios reducido o trabajan como mano de obra mal remunerada, con acceso limitado o inexistente a la seguridad social y a condiciones de trabajo decentes. Todo ello incide negativamente en su situación económica dentro del hogar y de la comunidad, y en la seguridad alimentaria y el bienestar de las familias.

Se impone atender sistemáticamente los problemas de las mujeres como trabajadoras de la pesca y como miembros de sus comunidades. Con este fin resulta imprescindible conocer las iniciativas organizativas femeninas. Las mujeres se organizan en cooperativas o grupos de ayuda mutua a fin de defender sus intereses económicos. En el ámbito político se afilian a un sindicato o una organización comunitaria para abordar temas relativos al transporte, los mercados, el acceso a los recursos o la seguridad social. De esta manera plantean problemas que les afectan en su calidad de miembros de la comunidad pesquera, responsables del bienestar común: asuntos relativos a la salud, saneamiento, educación, desplazamiento, contaminación y cambio climático, por citar sólo unos cuantos. Por añadidura, en numerosas regiones del globo las mujeres intervienen activamente en la protección y la gestión de los recursos naturales dentro de sus organizaciones comunitarias.

Salta a la vista que la lucha de la mujer en el sector pesquero se libra en varios frentes. Por una parte, es imprescindible plantar cara a las relaciones de género injustas y machistas dentro y fuera de la familia y en el seno de las organizaciones. Se necesita además reconocer el trabajo femenino remunerado y no remunerado orientado a mantener la pesca y las comunidades pesqueras, y defender el derecho de la mujer a participar en los procesos de toma de decisiones.

Por otro lado, y no menos importante, la causa femenina debe integrarse en la lucha por la defensa de la pesca sostenible de pequeña escala. Con este fin se impone analizar y desafiar los modelos de desarrollo pesquero que atentan contra los recursos por su explotación excesiva, las iniciativas de desarrollo descontrolado de la zona costera que amenazan con usurpar espacios tradicionalmente ocupados y explotados por las comunidades pesqueras y con destruir sus recursos, las tendencias comerciales que aportan escasos beneficios a las comunidades pesqueras de pequeña escala al tiempo que vuelven más vulnerables sus medios de sustento y los modelos de acuicultura que imponen altos costes económicos, ecológicos y sociales a las comunidades.

Resulta igualmente crucial resistirse a los enfoques de gestión y conservación pesquera que propician la privatización de los recursos y cierran el acceso a las pesquerías sostenibles de pequeña escala. Si los regímenes de cogestión pesquera parecen abrir oportunidades para la participación femenina, en la práctica constituyen nuevos frentes de lucha para muchas mujeres ya que suelen venir impuestos desde arriba por los gobiernos y se rigen mediante instituciones artificiales creadas para proteger los intereses de las elites o mediante instituciones comunitarias preexistentes que no hacen sino perpetuar la opresión de la mujer. Sin embargo en algunos países la introducción de los regímenes de cogestión ha brindado a la mujer la posibilidad de profundizar en prácticas democráticas locales y de apuntalar las conexiones entre los medios de sustento y el bienestar de las comunidades y la sostenibilidad de la pesca.

Si el impacto potencial del cambio climático sobre las comunidades pesqueras y sus medios de sustento obliga asimismo a buscar respuestas, habrá que analizar con espíritu crítico cualquier iniciativa planteada desde fuera con este fin por si incide negativamente en la subsistencia de las comunidades.

Este es el telón de fondo en el que se inserta el seminario propuesto, con miras a reflexionar sobre las posibles medidas a tomar: el establecimiento, en suma, de una “agenda de género” para la subsistencia de la pesca y de los pescadores.

OBJETIVOS

  • Analizar el impacto de los últimos acontecimientos del mundo de la pesca y del mundo en general sobre la vida y los medios de sustento de la comunidades pesqueras, integrando la experiencia femenina en ese contexto;
  • Compartir las agendas y estrategias locales de las organizaciones de mujeres en el sector pesquero, tomando nota de los logros y los obstáculos encontrados;
  • Definir una agenda y una estrategia a largo plazo para apoyar la vida y los medios de sustento basados en la pesca.

Informe: SEMINARIO MEP

Agenda de género

Todo lo que ocurre en el sector pesquero incide en las vidas y en los medios de sustento de las mujeres de las comunidades pesqueras